PUBLICIDADError, el grupo no existe! Compruebe la sintaxis! (ID: 1)
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Nerea Ubieto

    Me encuentro con Irene Grau en la Sala de Arte Joven de Madrid, espacio que acoge la exposición colectiva Cuestionamiento I. Territorio, en la que participa. La primera impresión es la de una persona tímida y cuidadosa a la que le cuesta alzar la voz, pero tal actitud no excluye la contundencia y seguridad al hablar de su obra, la cual ocupa un lugar prominente en el espacio de la Avenida de América. Y es que parece que de lugares destacados va la cosa: en la última edición de PhotoEspaña, su exposición Lo que importaba estaba en la línea en la galería Ponce Robles fue ganadora del premio del Festival Off y este mismo año, la revista Forbes ha incluido a Página web de Irene Grau entre los 300 menores de 30 años más influyentes de Europa y de Estados Unidos. Frente a los éxitos, Irene actúa con humildad y sencillez. En realidad, es una chica de campo: “me metes en un club urbano y me ahogo”, confiesa. Prueba de ello es que llenó su casa de 70 metros en Valencia con más de 100 plantas para poder conectarse de alguna manera con la naturaleza. Le gusta andar, perderse en el camino, reflexionar al paso y conectar con lo cotidiano, que no deja de ser pintura.

    ¿Es la pintura el punto de partida?

    Sí, siempre ha sido así. Siento un interés particular por las cuestiones propias –y no tan propias– de la pintura. Por su historia, sus derivas y su manera de involucrarse en muchos ámbitos de la vida.

    ¿Dónde ves la pintura en la vida cotidiana?

    Cuando entro en un parking y veo los distintos pisos organizados por colores, cuando conduzco y me fijo en las líneas pintadas sobre el asfalto, cuando camino por un sendero siguiendo marcas de colores, cuando voy en metro y sigo las líneas de colores, cuando voy en bici por el carril bici, cuando me oriento en un mapa o cuando pongo el GPS. Para mí todo eso está relacionado con la tradición de la pintura monocroma.

    ¿Qué poder tiene el color que tanto te atrae y te sugiere?

    La mayoría de las veces no sabes exactamente por qué te atrae tanto algo, simplemente te atrapa. Puedes tratar de averiguarlo, pero siempre hay algo emocional que es difícil de definir. De todos modos, existe una atracción física hacia el color. El color vibra y nos revuelve, no hay ninguna duda de eso. A partir de ahí, te pones a pensar en todos los usos del color y te pierdes.

    Define tu máximo interés en una frase.

    Paisaje, pintura monocroma y caminar.

    ¿Qué referentes has tenido?

    Humboldt, Malevich, Cézanne, Klein, Gutai, Manzoni, Richard Long, Hamish Fulton, Robert Smithson, Robert Ryman, Daniel Buren, Niele Toroni, Andre Cadere, Patricia Johanson, Daniel Walravens, Ignasi Aballí, Perejaume, Marcia Hafif, Helena Almeida, Federico Herrero… creo que cada uno tiene su propia lista infinita de artistas. Pero también las portadas de discos, películas, novelas, pequeños detalles del paisaje cotidiano o incluso anécdotas, todo eso son también referentes, en muchos casos hasta más fuertes por el modo en que nos afectan.

    ¿Qué me dices de artistas amigos, te influyen?

    Pon un amigo artista en tu vida, nada tendría sentido sin él. Hasta te podría decir que si no fuera por esos lazos el mundo del arte se vendría abajo directamente. Es algo así como una terapia de grupo necesaria en la que se comparten dudas, procesos, ideas y energía –además de cervezas–.

    ¿Podrías decirme algún detalle en concreto que te haya afectado especialmente y cómo se ha traducido en tu obra?

    Más que un detalle ha sido un hábito. Caminar es con toda seguridad lo que más ha influido en mi manera de ver y entender las cosas. Eso se traduce en un interés por todo aquello que tenga que ver con el proceso y el recorrido, algo que está siempre presente en mi modo de acercarme a la pintura.

    ¿Cuáles son las preocupaciones de tu trabajo a nivel teórico?

    Esta pregunta tiene trampa. Lo mismo que a nivel práctico en realidad. Para mí va todo junto.  Supongo que esto tiene que ver con que mi manera de pensar es muy visual, en la mayoría de los casos pienso en imágenes, conectando ideas como si se tratase de un esquema, como en un dibujo. Me encantan las historias de viajes, por ejemplo, pero me estimulan a todos los niveles.

    Sé de buena tinta que acabas de doctorarte. ¿Tu labor como investigadora también se relaciona directamente con la práctica?

    Totalmente, de hecho una no se entiende sin la otra. En el desarrollo de la tesis ha sido fundamental la práctica artística personal, pero ésta no se sitúa en ningún momento como un elemento visible, sino simplemente como un sustrato, como algo que permanece oculto hasta el final y surge sólo en forma de anexo sin comentario. Esto fue una estrategia para hablar de mi trabajo sin llegar a hacerlo realmente. En cierto sentido he dibujado un mapa en el que tratar de ubicarme, generando un contexto específico para entender no sólo mi práctica sino la de todos aquellos con los que comparto intereses. The Painter on the Road es el título de la investigación.

     

    “EXISTE UNA ATRACCIÓN FÍSICA HACIA EL COLOR. EL COLOR VIBRA Y NOS REVUELVE, NO HAY NINGUNA DUDA DE ESO”

     

    ¿Cuál es la primera obra en la que sientes que estas creando un discurso más personal?

    Esmalte sobre bastidor en paisaje. En realidad fue uno de los trabajos más intuitivos que he hecho, surgió de manera espontánea. Sentía la necesidad de trabajar la intervención site specific y la verdad es que en aquel momento no tenía oportunidad de hacerlo en ningún espacio que no fuera público. Así que eso hice, metí un bastidor en el coche y salir a hacer pruebas. Quería trabajar con el color y me pareció buena idea salir al paisaje, fuera el color es mucho más interesante, cambia continuamente y tiene miles de matices. La prueba funcionó y decidí hacer una serie. Desmonté algunos cuadros anteriores y pinté directamente con pistola sobre el interior de ocho bastidores que tenía en el estudio, los metí todos en el coche y salí a buscar paisajes. Así empezó todo.

    Hablas mucho de la pintura monocroma como eje de tu trabajo, pero también el paisaje es omnipresente. ¿Qué relación tienen para ti?

    Siempre me ha entusiasmado todo lo que tuviese que ver con la pintura monocroma, me encanta, pero no lo entiendo como algo ajeno al paisaje. Para mí la pintura monocroma y el paisaje son dos cuestiones que están siempre relacionadas. La una la encuentro en la otra y viceversa. Y esa relación está continuamente cambiando, porque en realidad no puede repetirse una misma situación. Quizás suene extraño pero mi acercamiento al paisaje viene de ese interés por la pintura monocroma.

    ¿Cómo es tu proceso de trabajo?

    Cada proyecto demanda un proceso de trabajo diferente, pero sí es cierto que al final una repite ciertas cosas que parecen funcionar. Camino mucho, para mí es muy necesario, es como mejor pienso, caminando pienso de un modo diferente y hago conexiones entre ideas que creo que no haría nunca sentada en una silla. También fotografío muchas cosas que me encuentro por el camino, recolecto imágenes. Y por supuesto miro mucho a mi alrededor, creo que no debemos perder esa curiosidad con la que miran todo los niños. Al final creo que todo está en la manera de mirar y pensar las cosas más que en las propias cosas.

    ¿Sientes esa función del arte como una nueva mirada?

    De hecho quizás la única aportación fundamental que hagamos los artistas, más que producir objetos, que eso es del todo innecesario en la sociedad actual, sea proponer una manera diferente de mirar. Pero mirar de un modo particularmente emocional, sensitivo, propio y singular. Esto me parece una función más que legítima, especialmente en un mundo que muestra una clara tendencia hacia la masa homogénea.

    ¿Qué es lo que más te satisface de tu trabajo?

    El conjunto que va desde la primera idea hasta la recepción de la obra.

    pintura monocroma, revista de arte

    “TRATO DE ELIMINAR EL TERRITORIO DEL MAPA PARA QUEDARME CON ESE OTRO NIVEL MÁS ABSTRACTO DE LA REPRESENTACIÓN”

     

    ¿Qué papel juega el espectador para ti?

    Para mí es fundamental contar con el espectador y tratar de conectar con él. Si no fuera así, no sacaría la obra del estudio. Procuro siempre proponerle recorridos –ya sea mentales o físicos– y generar cierta identificación artista-espectador. De hecho, uno de los trabajos que presento en ARCO es una proposición, una invitación deliberada al paseo. También creo que es importante tratar de conectar con otros públicos, no sólo con el especializado, esta es la razón por la que en los proyectos expositivos individuales trato siempre de introducir elementos que conecten con la calle y funcionen como una invitación.

    El espacio o entorno que acoge la obra parece crucial, tanto por los proyectos site specific, ¿trabajas siempre a partir del espacio donde se va a mostrar la obra?

    En realidad no creo que se pueda hablar de site-specific en mi caso, yo me encuentro los espacios e intervengo en ellos, pero no creo pensando en ellos a priori. Sí es quizás una pintura situada, que establece una relación muy fuerte con el lugar, pero no se trata de obras concebidas para un espacio específico. Si piensas en cualquiera de mis trabajos te das cuenta de que están ahí pero podrían estar en cualquier otro sitio. El lugar exacto lo determina un conjunto de factores entre los que están mis propias limitaciones físicas. Es más bien una pintura site.

    ¿Y cuando se trata de plantear un proyecto expositivo?

    Cuando me enfrento a una exposición la cosa cambia y pienso mucho en la sala en la que se va a exponer y cómo se va a mostrar desde el principio. En la última exposición en Ponce+Robles quise concebir el espacio de la sala como un territorio, y plantear dinámicas con las que me encontraba en mis paseos en la propia galería para enfrentar al espectador a eso. De forma que nada pretendía estar realmente “acabado”, me gustaba esa idea de que el espectador podía salir de la exposición sin haber visto realmente todo.

    En nuestra conversación me comentabas que era la primera vez que planteabas subrayar la idea de recorrido, el procedimiento…¿ha tenido siempre la misma importancia a pesar de que sólo a posteriori decides hacerlo explícito?

    Es a partir de Esmalte sobre bastidor en paisaje cuando empiezo a pensar en el recorrido que realizaba para llegar a esos lugares. Y desde Color Field empecé a darle mucha más importancia representando las rutas que realizaba, hasta el último trabajo (Constelación / Constellation) donde directamente el recorrido en sí y sus posibilidades de representación sobre el mapa son la pieza.

    Parece una evolución natural, ¿cómo surge?

    Cuando el comisario nos planteó tratar el concepto de territorio, me hizo preguntarme si realmente, en anteriores trabajos, estaba o no trabajando con el territorio. En realidad lo que hacía eran representaciones muy sintéticas de los lugares a los que había ido, ubicando las pinturas u otros elementos, pero obviando la cuestión del sitio específico. En Constelación busco destacar esta idea: la de eliminar el territorio del mapa para quedarme con ese otro nivel más abstracto de la representación.

    ¿Cómo consigues este procedimiento?

    El mapa está compuesto por muchos niveles de información: líneas, números, nombres y todo se complementa para que tú entiendas dónde estás, pero si comienzas a aislar las capas, se dificulta el reconocimiento del lugar. Lo que hice fue desarrollar la idea del mapa, pero sólo calcando los símbolos, la leyenda. La obra consiste en 40 mapas que se corresponden a las 40 etapas que tienes que realizar para completar la Transpirenaica, una ruta que va de mar a mar atravesando los Pirineos y que de manera natural dibuja la frontera entre España y Francia. Sin embargo, con el recurso de copiar solamente los símbolos y obviar todo lo demás, la idea de frontera se pierde.

    La apariencia es de mapas estelares.

    La idea es que en un primer acercamiento parezcan mapas de constelaciones, sin embargo cuando te acercas la escala es diametralmente opuesta a lo que habías pensado. Lo que hago es forzar esa relación invirtiendo: hago el calco, pero luego escaneo el dibujo y la tinta negra del dibujo se convierte en el blanco del papel y el blanco del papel del dibujo original se convierte en la tinta negra. Al hacer esa inversión potencio la idea de constelación y mapa estelar opuesto al topográfico que es aquel que puedes abarcar desde una escala humana.

    ¿Crees que todavía te queda mucho por investigar en ese intervalo entre la pintura y el caminar?

    Queda mucho trecho. Son dos conceptos tan rematadamente amplios y tan variadas sus combinatorias que dudo que puedan agotarse. Otra cosa es que yo deje de saber sacarle más punta a eso o que simplemente mis intereses se dirijan hacia otros lugares. En los últimos trabajos estoy centrándome más en el mapa como soporte. Pero bueno, no suelo pensar demasiado en lo que pasará dentro de años, quizás es un mecanismo de defensa.

     

    “PARA MÍ LA PINTURA MONOCROMA Y EL PAISAJE SON DOS CUESTIONES QUE ESTÁN SIEMPRE RELACIONADAS”

     

    Revista de Arte, arte joven

     

     

    11 enero, 2016 0 comment
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