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Boa Mistura: «La calle es el museo más democrático del mundo»

11 enero, 2016

Boa Mistura es un colectivo artístico creado en 2001 por cinco madrileños que comenzaron haciendo grafitis en su barrio, Alameda de Osuna. Desde entonces, utilizando las calles como lienzo, impregnan con su colorista y optimista estilo ciudades de todo el mundo. Cuando la calle duerme, ellos a menudo despiertan. Javier Serrano, Juan Jaume, Pablo Ferreiro, Rubén Martín y Pablo Purón son autores de decenas de intervenciones urbanas que se pueden ver por las calles de Berlín, París, São Paulo, Lima, Argel, Ciudad del Cabo o Nueva York. Entre sus últimos trabajos destacan la intervención en las cúpulas del mercado de La Cebada o Madrid, te comería a versos, con la que en tan sólo unas horas y, casi en un acto de amor a su ciudad, llenaron los pasos de cebra de la capital con mensajes como ‘Mi más sentido bésame’, ‘No hay mejores brindis que los que hacen tus pestañas’ o ‘Estás en mi lista de sueños cumplidos’. Su lema 5 cabezas, 10 manos, 1 solo corazón hace referencia a la diversidad de estilos y puntos de vista del colectivo. Visiones distintas que se complementan, influencian y entremezclan. Boa Mistura cree en el arte como herramienta de cambio e inspiración y ven en la calle el museo más democrático del mundo.

Cuando contacté con vosotros para realizar esta entrevista la mitad del colectivo estaba en Bogotá y la otra en Bulgaria. ¿Estáis siempre tan ocupados?

Podríamos decir que sí, que vivimos de aquí para allá. Nuestro campamento base está en Madrid, pero nos pasamos la mayor parte del tiempo viajando.

Boa Mistura significa “buena mezcla” en portugués. ¿Por qué este nombre?

Nos llamamos Boa Mistura desde diciembre de 2001. Era una manera de “formalizar” un grupo de amigos que en lugar de quedar a jugar al fútbol nos relacionábamos pintando. El nombre resultó premonitorio porque hoy tenemos formaciones universitarias que se complementan perfectamente: Arquitectura, Bellas Artes, Diseño Gráfico, Ilustración e Ingeniería de Caminos.

Sois un colectivo artístico multidisciplinar, de hecho vuestro lema es Cinco cabezas / Diez manos / Un solo corazón. ¿Qué ventajas os aporta el trabajar en un equipo configurado por personas que beben de diferentes disciplinas?

Es muy enriquecedor. En nuestro caso son muchos ojos, con diferentes puntos de vista, pero volcados en un mismo fin. El diálogo y la discusión son la clave. Muchas veces pasamos más tiempo debatiendo sobre algo que ejecutándolo. Uno lanza una idea sobre la mesa, un diamante en bruto, y los otros lo van puliendo hasta que todos estamos convencidos de que lo que tenemos entre manos es bueno (al menos a nuestro juicio). Confiamos ciegamente en el trabajo y en la percepción de los otros. Aquí no se habla de la idea de uno o de la obra del otro. Se habla de la obra de Boa Mistura. Todos nos escondemos bajo ese único ego por lo que, más que un proceso creativo de varias personas, es el proceso creativo de una sola, con diez ojos y diez manos, pero un solo corazón.

Vuestros murales están siempre cargados de mensajes y palabras de esperanza, alegría y optimismo. Además de cuidar el aspecto meramente estético, tienen un gran componente social.

El arte urbano está anclado al lugar, por lo que pensamos que tiene que dialogar con él. Por eso tenemos en cuenta el soporte y las circunstancias que lo rodean, siempre pensando en la gente ya que, al final, son ellos los que van a convivir con la obra día a día.

¿Cuáles o quiénes son vuestras influencias o fuentes de inspiración?

¡Vivimos rodeados de musas! Encontramos musas cada minuto porque nos dejamos influenciar por todo. Como personas que trabajan con la imagen, la calle es un bombardeo de estímulos. Filtrar esos estímulos en el cerebro da pie a nuevas creaciones. Hoy en día todo son musas. A nivel de inspiración: la música, una charla, la calle… Cuando viene gente al estudio también nos dejamos empapar por su visión.

Cuando usáis blanco y negro o tonos grises, el entorno (fachadas, edificios) o el propio texto hacen referencia al color, como en el caso de los murales Madrid, te quiero en colores o La vida podría ser de color de rosa. ¿Qué supone para vosotros el color?

En el caso de Muros grises la ironía estaba en utilizar el lenguaje gris y monótono del Ayuntamiento para reivindicar el color como una forma de manifestar la diversidad. Para nosotros todos los colores son vida y nos sentimos igual de cómodos trabajando en negro -como en los murales de Futuro [en Barcelona] o el último de Firmeza [en la calle San Dimas de Madrid]- como en otros colores.

¿Es el lugar el que aporta valor a vuestras intervenciones, o al revés?

En nuestro proceso creativo, para entender el lugar y poder hacer un proyecto “a medida” necesitamos tiempo para vivir, percibir, oler y tocar. No tendría sentido de otra manera. Esta es la fase más importante a la hora de afrontar el proyecto. Después, la ejecución es sólo cuestión de ponerle horas y cariño. Entre nuestras pequeñas obsesiones está el hecho de buscar siempre una recuperación artística de soportes, de lugares en la ciudad que, por unas cosas u otras, han caído en el olvido. Y, por encima de todas las cosas, si consideramos que nuestro trabajo no va a mejorar el lugar, no intervenimos. Lugar e intervención se alimentan y complementan entre sí.

Una de las características esenciales de vuestras intervenciones es que son participativas. ¿Qué papel tienen los vecinos y ciudadanos en la creación de vuestras obras? ¿Qué aspecto veis más interesante en este proceso?

Nuestras intervenciones se convierten en proyectos propios, hechos por y para la comunidad, por lo que la gente es el eje y el motor de nuestro trabajo. El aspecto más interesante es la cohesión social y la generación de nueva identidad utilizando el arte para lograrlo. El conseguir que sientan lo que hacen como algo suyo es un regalo, para ellos y para nosotros.

En varias ocasiones habéis afirmado que el arte es una “herramienta de cambio e inspiración”. Desde esa idea base se desarrolló el proyecto Crossroads que os ha llevado a Cuba, Argelia, Brasil, México, Panamá, Georgia o Sudáfrica.

Todo empezó en Sudáfrica. Nos invitó un galerista a su programa de residencias para estar allí un mes trabajando. Teníamos alojamiento, materiales y paredes. Los billetes y la comida corrían de nuestra cuenta. Vivíamos en un barrio muy humilde de Ciudad del Cabo (Woodstock, junto al puerto), con problemas de prostitución, drogas y gángsteres. Los primeros días, paseando y conversando con la gente comprendimos que nuestro trabajo podía tener una gran importancia, especialmente en las nuevas generaciones. Podíamos inspirarles y, por eso, decidimos realizar grandes iconos con mensajes positivos. “Discover the Diamond inside you”, “Pelea tu sueño” o “We all share roots” son algunas de las frases de los murales que realizamos.

Una de las últimas piezas la hicimos en el township [favela] de Khayelitsha, donde 3 millones de personas viven en condiciones tremendas. El mural lo realizamos sobre unos containers que conformaban una escuela de ciclismo que daba servicio a 300 chavales a diario y que servía para alejarles, en muchos casos, de sus problemas familiares. Los chicos y los monitores pintaron con nosotros, y nos sorprendió ver cómo cambió su propia percepción sobre la escuela. Al haberla pintado ellos, al haberla transformado, ahora era “su escuela” y se sentían orgullosos de ella.

Aquella experiencia nos cambió la vida y cuando volvimos a Madrid, comenzamos el proyecto de arte urbano participativo que hemos llamado Crossroads. Se trata de utilizar el arte como herramienta de cambio en comunidades carentes, y hacerlo implicando a la comunidad para que sean ellos quienes la transformen. Ahí fue cuando comprendimos que nuestro trabajo podía tener la capacidad de inspirar a las personas y de transformar lugares. Y que, gracias a mensajes positivos, en estas comunidades tan carentes se podía producir un cambio. Desde entonces, hemos vivido varias experiencias de este tipo, y creemos firmemente que el arte puede ser una herramienta de cambio.

A pesar de pasaros la mitad del tiempo viajando, también encontráis un hueco para desarrollar proyectos en vuestra ciudad natal. Probablemente vuestras obras más conocidas en Madrid son el lavado de cara del madrileño Mercado de La Cebada, varios murales en espacios públicos o los virales poemas urbanos Madrid, te comería a versos. ¿Cuál recordáis con más cariño u os hace estar más orgullosos?

Les tenemos cariño a todos, desde la fachada que pintamos en Berlín a las últimas intervenciones que hemos realizado en Madrid. Sería como preguntarle a una madre cuál es su hijo favorito.

¿Cómo os enfrentáis al carácter efímero de vuestras intervenciones, que están sometidas a derrumbes, inclemencias del tiempo, brigadas de limpieza o incluso otros grafiteros?

Lo efímero del arte urbano es algo muy bonito, romántico y propio del trabajo en la ciudad. Creemos que debe ser así. En el momento en que lo encierras entre las paredes de un museo pensamos que es otra cosa; puede ser obra hecha por un artista urbano, pero no arte urbano.

¿Creéis que las normas que castigan a los artistas urbanos y los grafiteros son demasiado rígidas? ¿Es necesaria una recuperación del espacio público por parte de los ciudadanos y vecinos?

Las ciudades, por suerte, se están empezando a dar cuenta del valor transformador del arte urbano, de la capacidad que tiene para implementar lugares. De momento, en ciudades como Madrid, este proceso va despacio y las autoridades todavía están bastante cerradas a ello, pero vemos luz al final del túnel. Poco a poco vemos muchos artistas urbanos que, como nosotros, están obteniendo reconocimiento internacional por su trabajo, y eso es algo bonito y gratificante.

¿Soléis colaborar con otros artistas o colectivos?

A día de hoy no solemos hacerlo, pero hemos colaborado con Basurama y otros colectivos en varias ocasiones. Nos gusta y lo hacemos siempre que el proyecto resulte interesante y, por temas de agenda, podamos. Es enriquecedor.

¿Cuántos de vuestros proyectos vienen de ayuntamientos e instituciones? ¿En los proyectos que habéis desarrollado en ciudades como Berlín, Venecia o Hamar (Noruega) han entrado en juego las embajadas o cómo han surgido los propuestas?

Cada proyecto es un mundo. Y, con ello, su financiación. Berlín fue un proyecto propio y Hamar fue un proyecto para Ecosistema urbano. Hemos colaborado con ayuntamientos en varias ocasiones (como París, La Paz, Madrid, Torrelodones, Campos) e instituciones como el Instituto Cervantes, Centro Cultural Español (en Brasil, Panamá) y fundaciones como la ONU, WWF o Amnistía Internacional.

Trabajáis también con marcas como Renault. Explicadnos en qué consiste el proyecto Pasión por Clio.

Se trata de un proyecto con un fin solidario. Empezó cuando Renault puso en nuestras manos un coche para que lo pintáramos. Pincel en mano y en pleno centro de Madrid. Con este Clio hemos recorrido 6 etapas por España (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valladolid, Granada, Santander) y luego se ha subastado. El beneficio de la subasta va a servir para financiar un proyecto en Kibera, Kenia, con la ONG ‘Más por ellos’.

¿Cómo financiáis el resto de proyectos?

Hay proyectos remunerados con los que vamos pagando las facturas mes a mes, y que nos permiten volcar el resto y poder realizar otros proyectos que, si bien no nos dan de comer, nos llenan el alma, lo cual creemos que es igual de importante. Para nosotros el dinero no es un fin, sino una herramienta que nos permite hacer cosas.

Vuestra obra se desarrolla principalmente en el espacio público, pero habéis participado también en exposiciones de centros de arte como el Museo Reina Sofía, la Casa Encendida o el Museo DA2 de Salamanca. ¿Os sentís cómodos también en museos y centros culturales?

Ambos mundos nos encantan. Aun así, somos bastante callejeros. La calle para nosotros es el mejor lugar para hacer arte, porque no hay segmentación de público: es el museo más democrático del mundo. Pensamos que tenemos una responsabilidad como artistas urbanos y, por eso, nuestra obra tiene que aportar algo positivo y mejorar el vínculo de las personas con el lugar donde va a estar.

También os invitan a dar charlas y conferencias tanto dentro como fuera de España. Una de las últimas fue en TEDxMAdrid.

Nos apasiona. Poder compartir experiencias y sumar otras nuevas es algo que enriquece muchísimo nuestro trabajo.

¿Qué es lo más gratificante de vuestro trabajo?

La experiencia vivida. La inspiración encontrada, la pasión vivida, el amor que nos llevamos. Siempre volvemos a casa con mucho más de lo que hemos dejado.

¿Y lo más frustrante?

El ver cómo, a veces, a las puertas de algún proyecto, éste no puede llevarse a cabo.

¿Cuál es vuestro próximo destino? ¿Tenéis ya las maletas hechas?

¡Nicaragua! En verdad las maletas nunca están deshechas.

Boa Mistura por Javier Luzuriaga

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1 comentario

crea | Entrevista a Boa Mistura 19 junio, 2018 at 18:41

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