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Emilio Gil: «Puedo llevar hallazgos del trabajo artístico al diseño»

11 enero, 2016

Emilio Gil es diseñador gráfico, docente en varios másteres y escuelas de diseño, comisario de exposiciones y jurado de los principales premios del sector. Tras estudiar en la School of Visual Arts de Nueva York, en Dublín, con Milton Glaser, James McMullan y Ed Benguiat como profesores; en 1980 funda Tau Diseño, uno de los primeros estudios españoles de diseño, comunicación institucional y creación y desarrollo de programas de identidad visual corporativa. Sin embargo, uno de los aspectos que más le interesan y a lo que ha dedicado gran parte de su tiempo es a recuperar la memoria perdida de la profesión y a rendir homenaje a los primeros diseñadores españoles. Tras varios años investigando publica el libro Pioneros del Diseño Gráfico en España, que tiene continuidad gracias a un blog homónimo que Emilio y varios colaboradores actualizan periódicamente. Preocupado por el futuro y la proyección pública de su profesión presidió durante cinco años, desde 2009 hasta su disolución en 2014, la Asociación Española de Profesionales del Diseño (AEPD). Estas son sólo algunas de las razones que le han llevado a recibir la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, un reconocimiento a toda una trayectoria que, además, como dice él, sitúa al Diseño al mismo nivel que las Bellas Artes. Porque no hay artes menores o artes mayores; sino buenas realizaciones o buen arte en una categoría u en otra. Emilio Gil entiende el diseño como una vocación de servicio, no de promoción y difusión del propio diseñador y lamenta que la inmensa mayoría de los diseñadores españoles tenga un sentimiento de inferioridad al no ser considerados artistas con mayúscula. Consciente de esta realidad, e intentando no caer en el mismo complejo, él también compagina su faceta de diseñador con una línea artística que le resulta más enriquecedora y estimulante. Porque, en el fondo, como cualquier diseñador, él también es un “artista latente”. Nos recibe en su estudio, amplio y luminoso, ubicado el centro de Madrid, a escasos metros del Instituto Cervantes, que rezuma diseño y estilo desde el parqué hasta el techo. En el mismo edificio nos cuenta que vive Álex de la Iglesia y, hasta hace no mucho, estaba la sede de la revista de la Unión de Actores, el estudio de arquitectura Peridis y la editorial Lengua de Trapo. Es viernes por la tarde y ya sólo queda una persona de las catorce que trabajan en el estudio. Huele a fin de semana. Tras ofrecernos algo de beber, nos habla con interés de sus “montajes gráficos” (como le gusta llamarlos, evitando usar el galicismo collage); de las exposiciones que ha comisariado y de los proyectos que tiene ahora entre manos.

Cortesía Tau Diseño

Cortesía Tau Diseño

Emilio Gil arranca a hablar sobre su faceta artística, con tono suave y pausado, casi antes de que me dé tiempo a formularle la primera pregunta. No sé si para tratar de evitar hablar del premio que acaban de concederle, conociendo su humilde modestia; o para asegurarse de que no nos olvidemos de tratar esta faceta suya más artística, más gratificante, y menos conocida.

A raíz del trabajo que vengo realizando para Pioneros Gráficos y de los años que llevo investigando sobre la Historia del diseño español, me he dado cuenta de que la inmensa mayoría de los diseñadores españoles tienen el complejo de inferioridad de no ser considerados artistas con mayúscula. Lo curioso es que eso les pasa tanto a los grandes diseñadores históricos como a los contemporáneos como Pepe Cruz Novillo, Óscar Mariné, Isidro Ferrer, Pepe Jimeno, quienes tienen una carrera paralela como artistas. Llega un momento en su vida en el que se vuelcan en esta faceta de artistas o pintores. Es más, al entrevistar a algunos de ellos −como Pla-Narbona o Jordi Fornas−­, y preguntarles sobre su carrera, me di cuenta de que ya estaban totalmente despegados del mundo del diseño.

Conociendo esta realidad, y aun teniendo la precaución de no caer en ese mismo complejo, tú también has acabado compaginando la faceta de Artista con la de Diseñador; ambas con mayúscula, [si los ortotipógrafos e Isidoro Valcárcel Medina me lo permiten].

Sí, en realidad ha sido algo meramente casual. Mi faceta más artística empezó hace sólo unos años, cuando para la exposición Sin límites. Visiones del diseño actual (Palacio de Sástago, Zaragoza, 2002), que comisariaron Raquel Pelta y Paco Rayo, nos pidieron a varios diseñadores que mandásemos algunos trabajos rechazados por clientes que nunca hubieran visto la luz. Yo saqué del fondo del armario unas cartulinas en las que pegaba trocitos de logos que me gustaban y composiciones tipográficas. Los pegaba con una cierta intención de composición artística. Mandé eso a la exposición y resulta que, para mi sorpresa, a la gente le interesó. Incluso Pepe Jimeno, que es un artista, diseñador y tipógrafo al que yo admiro, me dijo que le había gustado mucho. Un tiempo después, una revista que se llama Texturas, que tiene un cuadernillo central de artista, me pidió que le enviara diseños míos. Ese fue el banderazo de salida para que yo me dedicara también a esta otra faceta más artística.

 

Cortesía Tau Diseño

Cortesía Tau Diseño

 

¿Qué ventajas crees que tiene el campo artístico frente al del diseño?

Ser artista tiene toda una serie de ventajas: trabajar sin cliente y sin encargo te ofrece una libertad absoluta. Sobre todo, te permite trabajar disfrutando del proceso; se sabe cómo empieza un proyecto pero no cómo va a terminar… Sin embargo, los procesos de trabajo de un encargo duran lo que un cliente te impone. Hace mucho que no consigo imponer unos plazos razonables a los clientes. Cuando me preguntan por mi faceta más artística suelo citar a Paul Klee, que decía que él dibujaba un punto y lo dejaba viajar. Yo elijo un motivo gráfico y a partir de ahí, organizo. Inevitablemente, hay referencias constantes al mundo del diseño. Hay cantidad de hallazgos del trabajo artístico que puedo llevar luego al campo del diseño, y al revés: cosas que aprendo del diseño que luego me acompañan en los proyectos de índole más artística. Y eso es absolutamente enriquecedor.

¿Cómo ves el sector del diseño y cuáles crees que son las claves que debe seguir un diseñador para mantenerse a flote y conservar su cartera de clientes?

Este sector ha pasado una crisis brutal; hasta el punto de que muchos estudios históricos de diseño han desaparecido en estos años. Muchos diseñadores que antes tenían su equipo de realizadores y diseñadores se han quedado trabajando solos en su estudio. Una de las razones por las que creo que mi empresa, Tau, ha cumplido 36 años es porque somos compañeros de viaje de nuestros clientes y les damos respuesta en plazos muy cortos. La relación diseñador-cliente es clave. Hay que estar atento a la información que ofrece el cliente, ser capaz de interpretar esa información y tratar de ir más allá de lo que te están pidiendo. Cumplir con los tiempos, ser muy flexible y tener la capacidad y la humildad de replantearse las cosas constantemente. Sin duda, la forma de acertar es implicar al cliente y hacerle partícipe a lo largo de todo el proceso, incluso en el proceso de creación. Hay que preguntarle qué le parecen las líneas y propuestas que estamos siguiendo antes de entregarle el trabajo final. Yo creo que una de las razones por las que el diseño gráfico en España es algo todavía mal comprendido es por culpa de esa falta de humildad de muchos diseñadores que se creen superiores al cliente.

Quizás una de las principales diferencias entre artista y diseñador es la autoría (o falta de ella) de la obra o proyecto, ¿no?

Sí, hay que entender el diseño como una vocación de servicio, no de promoción y difusión del diseñador. Yo por eso reivindico trabajar bajo un nombre genérico y no como Emilio Gil y asociados porque de esa forma yo explico que lo importante no es la autoría o el sello de autor, sino aportar una solución a un problema o a una necesidad de comunicación. Esa, en mi opinión, debería ser una de las tendencias a seguir; porque ese diseñador que está en su olimpo y recibe un encargo ya ha desaparecido, gracias a Dios. Los artistas del diseño ya no existen. El diseño no es hacer cosas bellas; sino cumplir con una función social o comercial. Pero hay muchos diseñadores que todavía no se lo acaban de creer. Ken Garland, autor del manifiesto First things, first, hablaba de las perversiones de los diseños exclusivamente con intereses comerciales o el diseño que provoca consumismo. El diseño que ayuda a vender no es malo, mientras que el diseño que crea consumismo sí lo es. Entender e interiorizar esto debe ser nuestra asignatura pendiente para los próximos años.

Tu empresa, Tau, ha logrado capear la crisis y mantener un estilo propio que combina el rigor del Diseño con la libertad y creatividad de las Artes Visuales. ¿Cuál es la clave del éxito?

Sí, estamos orgullosos de haber resistido la crisis sin prescindir de nadie de la plantilla. En Tau podemos asumir proyectos muy complejos y diversos porque somos un equipo de 14 personas especializadas en distintos ámbitos y sectores. Como diseñador es muy gratificante saber que vas a tener clientes que siempre cuentan contigo, aunque cambien de empresa. Además, hay empresas con las que venimos trabajando desde hace mucho tiempo, como por ejemplo Mapfre o El Corte Inglés, con quien empezamos haciendo el informe anual y luego pasamos a hacer cosas con la cafetería, hasta llevar toda la línea gráfica para el departamento de hogar y decoración. En estos momentos estamos trabajando los soportes de comunicación de su 75 aniversario, un libro que recoge la trayectoria de El Corte Inglés y una exposición que se inaugurará seguramente en primavera en el edificio de Preciados. Con Osborne, igual: el primer trabajo que realicé para ellos fue el libro Un toro negro y enorme, pero posteriormente han surgido otros trabajos muy distintos como el desarrollo de la marca Toro o la gráfica del Museo del Toro de Osborne, en las Bodegas del Puerto de Santa María.

Cortesía Tau Diseño

Doy por hecho que en Tau desde los ’80 hasta ahora habéis tenido que adaptaros al cambio digital. ¿Qué relación tienes con las nuevas tecnologías?

Yo soy un diseñador que empezó en lo analógico, pero llevo muchos años trabajando con el ordenador; aunque tengo poco interés por convertirme en un diseñador digital. Es más, no me interesa lo más mínimo. Lo declaro abiertamente. Sin embargo, en 36 años nosotros hemos pasado de los montajes y maquetación en papel hasta los primeros intentos de querer incorporar el ordenador como herramienta de trabajo en 1987. En este sentido, en Tau fuimos pioneros en la incorporar los ordenadores a la oficina. Bastante después, Apple hizo una acción comercial regalándole a Xavier Mariscal un ordenador para que lo usara para diseñar. La tendencia que estamos viendo en los últimos años es cómo el mundo digital se está comiendo el soporte papel, para mi desgracia… Y, de hecho, nosotros hemos incorporado hace un año aproximadamente a tres personas en el equipo para trabajar exclusivamente en soportes digitales.

¿Crees que el mundo impreso va a conseguir hacerse un hueco?

Yo creo que sí… Porque es imposible trasladar al mundo digital la textura de determinados materiales impresos o el juego de las solapas de un libro. Hay un reducto –iba a decir una resistencia [risas]– a que desaparezca el formato analógico, pero no sólo por nostalgia, sino porque hay cosas que, al menos de momento, no se pueden traducir al lenguaje digital. Yo espero, que igual que ha pasado con los vinilos, haya una demanda de soportes físicos para poder seguir trabajando de una manera más artesanal.

Además de trabajar y ejercer como diseñador, te interesa y preocupa el respeto y proyección pública del sector y de la profesión.

Sí, a raíz del libro Un toro negro y enorme entré en contacto con el archivo de Manolo Prieto, que es el diseñador del toro de Osborne y uno de los diseñadores pioneros en España. El estar en contacto con todo el trabajo de este profesional me llevó de pronto a descubrir un trabajo sorprendente, en calidad y cantidad, en una época en la que las cosas no eran fáciles para los diseñadores [1939-1975]. Eso hizo que cuando aún existía la Sociedad Estatal para el Diseño y la Innovación me encargaran, junto con Alberto Corazón y Enric Satué, el comisariado de la exposición Signos del siglo: 100 años del Diseño Gráfico en España (Museo Reina Sofía, 2000). Estuve durante 3 o 4 años viendo imágenes de todo un siglo y descubrí cosas que me fascinaron; fui realmente consciente del talento que había en nuestro país en esos años. Poco después Index Book, una editorial especializada en temas de comunicación gráfica, me encargó el libro de Pioneros del Diseño Gráfico en España y entré de lleno en el mundo de las principales figuras del diseño en España. Ahí descubrí las claves que como diseñadores debemos incorporar y aportar a nuestra profesión; porque toda profesión necesita referencias, sus premios, sus reconocimientos, sus obras de cabecera etc. En este sentido, a raíz del libro Pioneros del Diseño Gráfico en España, del posterior blog en el que vengo trabajando (www.pionerosgraficos.com) y de las exposiciones que he hecho, para mí era importante saber de dónde venimos, reconocer el trabajo de estos profesionales y darlo a conocer fuera de España. De hecho, cuando la edición norteamericana de Pioneros del Diseño Gráfico en España en se empezó a distribuir en Europa, la mayoría de las grandes revistas especializadas mostraron una enorme sorpresa; no se podían creer que en España en esos años se estuvieran siguiendo esas determinadas líneas. Yo creo que eso es ayudar a construir una profesión; algo que efectivamente es una de las facetas que más me han interesado. Algo que, además, me ha permitido relacionarme personalmente con alguno de ellos, lo cual ha sido muy gratificante. Algunos han fallecido y casi ninguno de ellos está en activo, pero el hecho de que las generaciones posteriores conozcan su trabajo les llena de orgullo. Y eso es de justicia, por otro lado.

También te has involucrado en el mundo de la docencia…

Sí, he colaborado con la Universidad Europea de Madrid, con la Universidad Complutense, con la Universidad Autónoma y con la Universidad Carlos III. Hoy en día las principales universidades privadas y públicas cuentan con grados de diseño y hay promociones de diseñadores magníficamente formados. Además, los másteres de edición incorporan bases del diseño y, de la misma manera, los de gestión cultural también atienden al mundo del diseño. Es más, hay algunos especialmente buenos −como el de la Universidad Carlos III− que conciben el diseño como una herramienta de la gestión cultural y, por ello, le dedican un módulo específico, como se merece.

Y de profesor a estudiante. Hace unos seis años estudiaste un curso de ‘Comisariado de exposiciones’ en la Central St. Martins de Londres. Cuéntanos de qué manera incorporas los conocimientos de diseño en el comisariado de proyectos artísticos.

El poder trabajar en el comisariado de exposiciones a veces te da la oportunidad de ocuparte también de la línea gráfica del proyecto. No sólo en el montaje expositivo sino también en los distintos materiales de comunicación como el catálogo, el programa de mano, los anuncios en prensa o la página web. Más que acaparar trabajo, se trata de darle una coherencia gráfica todos los materiales y soportes gráficos.

¿Qué proyectos artísticos tienes ahora entre manos? ¿Cuáles son tus referencias?

Ahora estoy preparando otra exposición que se inaugura el 19 de febrero en una antigua lonja de pescadores en Jerez de la Frontera que se llama Pescadería Vieja. Estoy también preparando el Festival de Arte Sacro para la Comunidad de Madrid, que se presentará el 10 de febrero; terminado la Toro Gallery, que es Museo del Toro de Osborne; y comisariando la exposición Aliadas, que se inaugurará en marzo en Centro Centro. Esta faceta artística en la que últimamente estoy trabajando me está resultando extremadamente gratificante. En cuanto a las referencias, suelen ser literarias y procuro no fijarme mucho en lo que se está haciendo en el sector del collage porque el contagio en el mundo del diseño es inevitable. Es muy difícil sustraerse a las influencias que tenemos alrededor: portadas de revistas, tipografías que están de moda, composiciones recurrentes… Eso inevitablemente te obliga a estar rodeado de influencias y referencias, pero yo procuro no prestarle mucha atención. Leo mucho, eso sí, pero no me fijo en las tendencias del sector.

Bueno, aunque parece que has evitado hablar del premio que te acaban de conceder, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2015, no puedo terminar esta charla sin antes preguntarte qué supone para ti este reconocimiento.

Lo bonito de este premio es que ha sido total y absolutamente inesperado. Recibí una llamada de una mujer que me dijo: ¿“Le importa que le ponga con el Ministro de Cultura”? Y yo pensando, “¿Qué habré roto?”… [Risas]. Me pasaron al ministro de Educación, Cultura y Deporte [Íñigo Méndez de Vigo], que me dijo algo así como “acabo de salir del Consejo de Ministros y quería anunciarle que se le ha concedido la Medalla de Oro al Mérito a las Bellas Artes”. No me lo podía creer… Además de, lógicamente, la satisfacción personal que supone este reconocimiento a toda una trayectoria, más que a un trabajo concreto, lo bonito es que este premio sitúa al Diseño al mismo nivel que las Bellas Artes. Y que, olvidándonos del complejo de ser un arte con minúscula, pone las cosas en su sitio. Porque no hay artes menores o artes mayores; hay buenas realizaciones o buen arte en una categoría o en otra.

Otros premios que ha recibido a lo largo de su carrera:

Emilio Gil tiene varios premios Donside de Diseño Gráfico en Gran Bretaña por el libro Un Toro negro y enorme sobre la valla publicitaria de Osborne, en la categoría de Diseño editorial y el Premio Especial en conjunto al mejor trabajo de 1994. Este libro fue premiado también con un Certificate of Typographic Excellence por el Type Directors Club de Nueva York y en España con el Laus de oro en la categoría de Diseño Gráfico Editorial. Asimismo recibió el premio Certificate of Excellence de los European Design Annual en 1995 y 1999 por trabajos para Indra y ARCE (Asociación de Revistas Culturales de España) y El País-Aguilar.

 

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