PUBLICIDADError, el grupo no existe! Compruebe la sintaxis! (ID: 1)

Juan Navarro Baldeweg: «La división entre abstracción y figuración es muy artificial»

3 marzo, 2014

Juan Navarro Baldeweg (Santander, 1939) se declara, ante todo, pintor. No obstante, su discurso está lleno de paisajes, densidades tan gráficas que llegas a imaginártelas con precisión, y salta de la pintura a la arquitectura como alguien que no puede renunciar a ninguna de sus dos grandes pasiones. Cuando se refiere a la arquitectura habla en términos físicos, asemejándola al body art, una experiencia corporal que nos conecta con lo que nos rodea. La pintura, en cambio, la concibe por estratos, horizontes separados que crean vínculos de diferentes niveles. Pero siempre quedan puntos en común entre ambas, como la escultura o el valor que le da a la mano y al gesto, ese arma con el que podemos transformar nuestro entorno.

Nos reunimos con él en el estudio de arquitectura que tiene cerca de Nuevos Ministerios, una casa adosada con un jardín interior donde buscar la paz y el silencio que tanto añora en las grandes ciudades. Escuchar hablar a Navarro Baldeweg es escuchar a un hombre que lleva más de cuarenta años dedicados a la arquitectura y otros tantos buscando la libertad y las líneas de fuga que le otorga su pintura de gran formato. Con un discurso interiorizado que se ha convertido en una filosofía de vida, conversamos con él a raíz de las dos exposiciones que ha inaugurado esta temporada en Madrid.

 

Juan Navarro Baldeweg - input Magazine

 

Actualmente participas en dos muestras importantes de pintura, una individual en la Casa de la Moneda, Inicios, y otra colectiva en el Palacio Velázquez. Háblanos de esos Inicios

Son exposiciones muy distintas. Inicios tiene como tema general los aspectos de mi obra a través de diversas manifestaciones expresivas que serían la pintura, la escultura, la instalación, etc. La muestra arranca con unas piezas de escultura hechas cuando tenía 19 años, hablamos de los inicios literales, mis primeros trabajos con los que comienzo a ser pintor también están reunidos aquí. La escultura, aunque la he hecho siempre en menor medida, es un paso muy importante para la arquitectura que vendrá después, pues en esas piezas ensayo la estabilidad de las figuras.

¿Qué tipo de pintura muestras ahí?

En la segunda sala de la Casa de la Moneda hay sobre todo pinturas, alguna muy reciente, queriendo mostrar que existen vínculos muy estrechos con esos inicios, como el tema del marco dentro del marco o la pintura por estratos, que tiene su raíz en el interés hacia lo que hacía Brancusi. Me refiero a esas piezas compuestas por varias naturalezas matéricas que él realizaba, justo por eso hay en estos cuadros una clara diferenciación entre maneras de pintar. Hay, por ejemplo, unos cuadros con desvanecidos, otras pinturas con grandes franjas, con fundidos, otras más nerviosas, con una caligrafía resultado del movimiento de la mano y el pincel. En cuanto a lo que pinto, nunca he querido dividir entre figuración y abstracción, creo que es una definición muy artificial, porque lo natural es lo compuesto y basta con mirar el universo de lo gráfico donde jamás se hace esta división entre la figuración y la abstracción.

¿Qué temas te gusta abordar en la pintura?


Hay temas que siguen vigentes en mi obra desde que empecé a pintar, como el tema del pintor y el estudio, las casas o incluso el retrato. El concepto de inicios que da nombre a la exposición también tiene otra lectura, es decir, a mí siempre me ha gustado iniciar series, me gusta moverme en un territorio más amplio, en un territorio que a veces es más complicado y que exige una investigación más ardua y seca, y otras veces es más divertido o lúdico, no hago diferencias en esa actitud respecto a la manera de trabajar. Esto es consecuencia de considerar la pintura como si fueran estratos, lo cual te da libertad de ser a veces muy geométrico y exacto y otras de contar con la máxima libertad imaginable. Doy mucho valor a la mano, pero la concepción está asegurada en otro tipo de flujos que siempre me llevan a la misma fuente inicial. En mi obra se da la convivencia de actitudes con diferentes objetivos, como en la vida real, pero pese a todo se ve una unidad con diferentes diálogos entre sí.

En cuanto a la escultura, vemos que trabajas mucho con pequeñas piezas que parecen funcionar como laboratorio de ensayo y error para la arquitectura de después

Es en 1972, durante mi estancia en EEUU, donde empiezo a trabajar con las piezas de los pesos. Tenía muchas ganas de activar los signos de las energías naturales como son las piezas de gravitación universal, de la luz, el magnetismo terrestre, piezas que tienen que ver con el tiempo. Hay muchas ideas que quizá sean más conceptuales pero también tienen que ver con ese valor que se da a la experiencia de vivir corporalmente en el mundo, esto es, tener datos e inputs de signos referidos a la naturaleza omnipresente, incluyendo el propio cuerpo. En los setenta me centré más en un territorio que es común a estas piezas y a la propia arquitectura: las estructuras. La mesa que en la exposición Inicios sostiene todas estas piezas es una obra de obras, un libro que lleva abierto mucho tiempo, la mesa misma es una pieza considerada un tablero, un horizonte puesto a la altura de la vista para dar esa idea de paisaje, de continuidad y de agitación. Se trata de una especie de laboratorio con muchas sorpresas y preguntas que se hace uno cuando lo mira. Lo que pretendo con estas piezas es activar percepciones de una vida que está continuamente pasando, creando.

En Inicios también vemos dibujos tuyos, bocetos que después dan vida a construcciones y esculturas. ¿También los utilizas a la hora de pintar?

Los dibujos que se pueden ver en la exposición son dibujos que nacen de una investigación. En mi caso, los dibujos son casi siempre una herramienta, un estadio intermedio, no objetivos en sí mismos. El caso de Picasso es muy revelador en este sentido: en sus dibujos se ve de manera muy gráfica que a través del dibujo trataba de resolver un problema, se nota que los dibujos son solución de un problema, sobre todo en la preparación del Guernica, son dibujos de estudio. Actualmente en la galería Marlborough hay una exposición de dibujos de Matisse, pero en este caso son dibujos para ser apreciados como tal.

¡Matisse! Creo que es unos de los pintores que más te ha influenciado

Mucho, mucho, Matisse es un gran pintor, sobre todo en la época americana tiene un apoyo muy grande, es uno de los pintores más espaciales, más arquitectos que hay. Es un pintor que por alguna razón espera de la pintura una activación general de todo el espacio, no es un pintor focalizado, sino un colonizador de espacios.

También tienes proyectos dedicados a la mano, cuéntanos en qué consisten

La mano para mí es una de las energías que existen en el mundo más a tener en cuenta, dentro de nuestro rol de estar-en-el-mundo. Me interesa ver cómo provocamos transformaciones en el mundo, dejando huellas en su cuerpo. Como con la presencia histórica de los grafitis, que obedecen a ese deseo de proyectar el cuerpo fuera del cuerpo. Todo ornamento que se utiliza en arquitectura se debe a que, a través de esas máscaras de la mano, se humaniza el entorno de la frialdad de la construcción, como una mediación entre el mundo frío, externo, y nuestro propio cuerpo.

Hablemos ahora de la exposición Idea: Pintura Fuerza que se celebra en el Palacio de Velázquez. ¿Qué podemos encontrar en ella? ¿Qué tal te sientes compartiendo espacio con Albacete, Quejido, Ferrán Sevilla y Campano?

Esta exposición también tiene que ver con los inicios pero de una manera diferente: es la pintura que realicé en los 80 cuando ya había vuelto de EEUU. Todos nosotros éramos pintores que estábamos vinculados a través de la galería Buades y formábamos una especie de equipo. Éramos camaradas, y entre nosotros existía una gran generosidad, se trataba de una relación muy limpia. Me gusta esta exposición porque se ve vital y sana aún hoy y esto me llena de alegría.

Tu inicio en el mundo de la arquitectura es relativamente tardío (1978, casi 39 años), ¿cómo y por qué das este paso de las artes plásticas a la arquitectura? Y lo haces con la Casa de la lluvia. ¿Qué simboliza esta casa para ti?

Yo estuve enseñando en la Escuela de Arquitectura de Madrid y una de las primeras cosas que hice fue un estudio de todo lo que es el canal de Castilla, anotando los edificios que corresponden a este territorio, su zona industrial, sus paisajes… También hice una remodelación para el Museo Hidráulico Los Molinos de Río Segura en Murcia. Ambas obras son de la misma época y considero que son obras lógicas, pues mi interés era trabajar sobre los cursos de energía como el agua, la lluvia, la luz, el cuerpo… que tiene una presencia fácilmente detectable en ambas obras. Son construcciones referidas a una arquitectura convencional como medio artístico.

Las casas, que tan importantes son en tu labor como arquitecto, también parecen buscar una cierta correspondencia en la pintura, casas romanas, casas mediterráneas. ¿Qué es esa casa? ¿Cómo ha de ser una casa? ¿Cómo se habita una casa?

Las casas romanas es un título, una disculpa, que se refiere a una casa familiar que nos hicimos en Levante, de ahí esa correspondencia con lo mediterráneo donde la luz tiene mucha importancia, una casa al aire libre, y que recoge en los cuadros todas las experiencias que en ese lugar se iban acumulando. Las casas son cuadros dentro del cuadro, una casa es aquello que envuelve el cuerpo humano. La casa como lugar que acoge la vida de los seres humanos, pero también como lugares que se relacionan entre sí, aquí aparece la ciudad. La casa no termina en la casa, termina en los gestos que hace hacia las demás casas. Digamos que una casa crea muchos tipos de gestos, al suelo, a la tierra, al sol… Volviendo a lo que he comentado antes, podemos decir que la casa también se organiza por estratos. Yo contemplo la arquitectura seccionada, y cada sección de la casa se relacionará con un horizonte diferente, por ejemplo con la topografía, con el que lo habita, con la ciudad o incluso se relacionará con el sol. Como lo explicaba mi gran amigo Ángel González, es como un pincho moruno [risas], hay distintos niveles de relación, de vínculos, es como una tela de araña que toca muchas cosas y es sensible a esos objetos más o menos distantes. No hay ni un solo objeto arquitectónico que no tenga una relación con el resto de cosas circundantes a ese lugar, cada edificio va extendiendo sus dardos a otros edificios y así se va creando la ciudad.

 

Juan Navarro Baldeweg

Juan Navarro Baldeweg

 

Alguna vez has comparado la arquitectura con el body art

Siempre lo he asociado porque hay muchas maneras de ser arquitecto. Para mí, la arquitectura es el arte dedicado al cuerpo de los usuarios. El cuerpo que se encuentra confortable pero también ricamente informado de cómo es el espacio puro sin nada, quiero decir, solo a través de tu palpitación corporal, tu pulso y tus sentimientos de estar en el mundo. A veces pienso que mi arquitectura tiene el mismo efecto del gesto de meter la mano en el agua, el agua no la ves hasta el momento en que tienes una referencia del paso del agua alrededor de tu mano, no sabes si es mucha o poca, pero se convierte en un placer y en una necesidad profundamente ecológica. En ese momento te das cuenta de que vivimos en un mundo muy rico donde nuestros sentidos deben alertarse y tener presente esa riqueza. Este es el meollo de los temas que me han preocupado en arquitectura.

Y llegados a este punto, hay una pregunta que no puedo dejar pasar. ¿Qué le emociona más, la arquitectura o la pintura?

Es distinto. La arquitectura es muy emocionante porque es el arte del cuerpo, como he dicho antes, produce emociones físicas muy fuertes. Cuando estoy en un gran edificio, me pasa que siento cómo esa obra produce un gran efecto en mí, eso es algo muy fuerte. Por otra parte, el ejercicio de la pintura es una de las cosas que más me ha emocionado nunca, no puedo vivir sin ella, la necesito, es como una droga. Pienso que son fenómenos distintos. La arquitectura es muy pesada, tiene un trayecto hasta que se termina que es muy arduo, en todas las cosas que hay dinero de por medio hay mucha violencia, es muy latoso. El resultado final puede producir emociones muy fuertes, pero el ejercicio del día a día es más emocionante en la pintura.

Tu discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se titulaba El horizonte en la mano, creo que es un texto que ilustra muy bien el encuentro entre estas dos pulsiones

Es un texto que trata sobre las diferentes artes que practico, es un texto que fusiona. Habla mucho del horizonte, un concepto que nace de la arquitectura pero también es eminentemente visual y está vinculado a la pintura. Básicamente se habla de esos lugares comunes por los que transitan las artes, y se tocan temas como la caligrafía oriental, lugares donde se manifiesta el cuerpo… Es un resumen de cosas que me han ido preocupando a lo largo de mi carrera.

Tengo un amigo arquitecto que me ha dicho lo siguiente: La profesión de arquitecto siendo joven es muy difícil. ¿Crees que es así?

Es muy difícil y más ahora. Con la crisis económica tan profunda que estamos viviendo, las obras cuyo objetivo es de tipo cultural, como los museos o los auditorios, ya no se realizan por parte de las administraciones. Entonces solo queda trabajar en el margen de lo privado. Un chico joven que ha estado educado en los discursos de la Escuela de Arquitectura, donde se habla mucho de la arquitectura como obra de arte, choca frontalmente con la realidad, donde la arquitectura se convierte en servicio, con un fin más utilitario, convertido en un arte aplicado. De todas formas, pienso que siempre se cuela una dimensión artística en la arquitectura, aunque tienes que hacer frente a las querencias del cliente, también hay que ser capaz de sacar partido de estas situaciones. Creo que siempre tiene que haber una habilidad para poner la vela en la dirección adecuada, quizá a veces llegues zigzaguendo, pero hay que llegar.

Ahora que mencionas los museos, ¿crees que en España se han construido demasiados de estos recipientes modernos? Parece que cada ciudad ha de tener su museo de arte contemporáneo

Esto se ve ahora porque es difícil sostener todos esos edificios debido a la crisis económica. Claro que cuesta mucho mantener la actividad expositiva de un museo, pero creo que el problema no radica en que haya o no haya museos y auditorios, creo que el problema está en su mantenimiento en una situación de crisis.

¿Cómo le influyó trabajar con Alejandro de la Sota?

Te cuento mi relación con Alejandro de la Sota. En 1960 hice una exposición en una galería de Madrid, acababa de llegar a la ciudad y le pedí a Alejandro que me escribiera el texto de la exposición. Ahí comienza mi amistad con él, que era un personaje interesantísimo, muy artista. Cuando termine la carrera fui su asistente en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Ahí empezó todo.

Hablando de discípulos, Andrés Jaque también trabajó en su estudio. ¿Qué le parece ese giro en la arquitectura hacia lo político y lo social que propone Jaque?

Efectivamente, Andrés siempre ha tenido una gran sensibilidad para esa materia referida al vínculo entre personas, los modos de vida de ciertos colectivos sociales dentro de la sociedad en general, y con ese material hace propuestas. Del mismo modo que a mí me interesa mucho lo físico cuando pinto o hago esculturas, Andrés tiene esa habilidad para crear a través de la arquitectura relaciones y redes sobre un conjunto de ciudadanos que tienen intereses parecidos. Hay un mundo social vinculado a un mundo subjetivo, y naturalmente la arquitectura siempre ha tenido que ver con esos temas. Jaque detecta que este nuevo imaginario social debe tener una manifestación física, espacial y arquitectónica distinta, una manera distinta de relacionarse con las personas. A Andrés le estimo mucho, me divierte mucho hablar con él.

¿Crees que estamos en un momento en el que hay que repensar la ciudad? ¿Ha mejorado nuestra calidad de vida en las ciudades? ¿Cómo pintarías esa ciudad en la que te gustaría vivir?

Pues es muy difícil. De todas formas la ciudad ideal no es tan distinta a la ciudad actual. Hay un tipo de valores con los que me ha gustado trabajar como arquitecto y se dan en la arquitectura de casi todos tiempos, hablo de las estructuras físicas. En el fondo vivimos muy bien, creo que la novedad de la vida no exige estructuras nuevas, sino cuidar las existentes. Nos encontramos igualmente cómodos en una casa con ventanas verticales que en una con las ventanas rasgadas tipo Le Corbusier, cada una con su énfasis, pero en el fondo estamos hablando de experiencias del cuerpo. Una cosa que me gustaría es que las ciudades tuvieran más silencio, más posibilidad de soledad. Se piensa que una plaza es exitosa cuando va mucha gente, pero ¿por qué? En Sevilla hay muchas plazas que son casi para uso particular, para ver caer la noche en soledad. La idea de ese espacio que tiene éxito por la cantidad de gente que lo frecuenta la cuestiono.

 

Juan Navarro Baldeweg

Juan Navarro Baldeweg

 

Terminamos la entrevista en un estado de total embelesamiento. Los gestos, el modo en que mueve sus manos al hablar y la profundidad de sus palabras hacen que ese pensamiento que se esconde en sus bocetos, pinturas y esculturas resulte más próximo y atractivo. Antes de recoger nuestras cosas, bajamos con Juan al jardín trasero y disfrutamos por unos minutos de ese silencio y humedad que queda tras una tormenta de invierno.

Fotografía: María Platero

Leer más