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Julio Falagán: «Me gusta dotar a esos cuadros inertes de un poco de acción»

17 febrero, 2014

POR SU PROPIA SEGURIDAD
PERMANEZCAN ASUSTADOS

El Roto

Julio llega en patín. Se quita los auriculares y pone cara de asombro al ver a todas las personas que estamos esperándole en la 6+1. Entre bodegones oscuros, vanitas y alguna que otra calavera que se cuela en los cuadros que dan la bienvenida a la galería, el equipo de vídeo ha preparado el lugar para grabar las palabras y gestos de Julio Falagán (Valladolid, 1979) a propósito de su exposición No estoy preparado para arder eternamente, abierta hasta el 1 de marzo.

La primera vez que leí el nombre de Falagán fue en un rótulo de un negocio cerrado de Malasaña, donde con una tipografía un tanto bailona aparecía escrito “Tintorería Falagán, el mejor tinto de Madrid”. Con el tiempo fui descubriendo más, como “Maletines de doble fondo Falagán” o “Mercería Falagán, especialistas en ropa interior de artistas”, y hacerlo se convirtió en un juego y en un pequeño álbum en mi teléfono. Desde entonces ha llovido mucho y la obra de Falagán ha ido creciendo en muchas direcciones. Una abundante producción que nos habla de las inquietudes y preocupaciones de este joven artista, de ese revoloteo que lo lleva a involucrarse en varios proyectos en paralelo pero donde su marca queda siempre bien impresa. Me he divertido mucho preparando el encuentro, comprobando la ilimitada imaginación de este artista, su afinado sentido del humor que se reparte a partes iguales entre la crítica al poder y las reflexiones sobre el delicado estado de salud de la profesionalización del arte. De vuelta de su residencia en la Academia de España en Roma, viene cargado de nuevas ideas que, nos asegura, irán cogiendo forma y plasticidad en los próximos meses.

 

Falagán - input magazine

 

A principio del año pasado, y en esta misma galería, inauguraste Bancocracia, denunciando el abuso de los mercados y la ferocidad del capitalismo. ¿Se puede decir que No estoy preparado para arder eternamente es la continuación de esa denuncia?

No es ni una continuación ni un resultado, es simplemente una trayectoria lógica. Te preocupan ciertos problemas y temas y trabajas sobre ello, buscando vías diferentes, cosas nuevas, pero el tema del poder siempre está ahí. Para mí no se trata de una denuncia, simplemente se trata de dar una opinión crítica.

¿De qué va esta exposición?

Siempre he trabajado con la idea del abuso del poder desde la mirada del que está abajo. Hay temas a los que suelo recurrir como la religión, la política, los hombres de traje… En cierta manera todos esos estamentos y personas que tienen la capacidad de manipular al que está abajo. Tras mi estancia en la Academia de España en Roma mi forma de trabajar se tiñó de una pátina barroca y una mayor presencia de la Iglesia. La cantidad de iglesias que hay en Roma es alucinante, casi mil, y cada vez que visitaba una no podía ver en ellas más que cementerios de gente con poder. Los despojos ilustres de la gente que poseía dinero acababan en un trocito de cielo en la tierra. Esto me llamó mucho la atención y empecé a fotografiar la presencia de la muerte en las iglesias, haciéndome con un buen número de ellas -algunas bastante siniestras- y es cuando empecé a pensar en la idea del miedo a la muerte y al dolor eterno como forma de control. Tenía unos cuantos bodegones y se me ocurrió la idea de jugar con ese barroquismo propio del bodegón oscuro, el vanitas, el oro, la decoración, y utilizarlo como un elemento de falsedad. Así va surgiendo todo. La exposición se ha producido en tres meses pero llevaba casi un año con esta idea en la cabeza.

¿Y los collages?

Los collages son una producción que realicé en Austria durante una residencia en Atelierhaus Salzamt, Linz. Son dos series. Una se titula Se vende y es una reflexión en torno a la privatización radical de lo público que estamos viviendo. Consiste en la manipulación de unas láminas de interiores de palacios barrocos de la República Checa, rellenando los espacios decorativos de techos y paredes con el característico naranja flúor de los carteles de “Se Vende”. Elimino cualquier atisbo de decoración y lo cambio por algo funcional y económicamente productivo. En el caso de la otra serie, Divino negocio, también trabajo sobre láminas de la República Checa, pero en este caso son iglesias. Treinta y tres collages en los que mezclo a la Iglesia con imágenes de empresas de refinería petroleras austríacas, una surrealista metáfora del negocio de esta institución.

Para la exposición también has publicado una edición limitada del libro Paura-Angst. ¿Por qué un libro?

Un día te percatas al descargar fotos de la cámara que tienes muchas fotos de calaveras hechas en iglesias. Te llama la atención y la siguiente vez que visitas otra iglesia vas en busca de más, y efectivamente las encuentras. Sin saber muy bien con qué intención fui acumulando un gran número de calaveras, lo cual continué haciendo en mi estancia en Austria. Esto se convirtió en el eje central sobre el que gira la exposición, por lo tanto decidí juntarlas todas y editar un libro que para mí es la pieza que da sentido al resto.

Tus pinturas y collages tienen un marcado acento apropiacionista. ¿No es una táctica para huir del miedo al cuadro en blanco, verdad? ¿Por qué trabajas sobre obra ya existente?

No, no es un intento de escabullirme del problema, todo lo contrario, cuanto mayor es el reto más disfruto del proyecto. Me gusta plantearme nuevas metas, superarme, una vez que controlo la situación busco otro objetivo. El lienzo en blanco no me resulta interesante, prefiero interferencias que acoten mi capacidad de acción.

¿De dónde sacas la materia prima?

De muchas maneras, comprándola en mercadillos, a través de buenos amigos que saben que trabajas con estas cosas, de la calle y también con un proyecto de trueque en el que intercambio este tipo de piezas por collages míos.

¿El reciclaje y la reparación de estos cuadros primarios tienen algún valor extra para ti?

No lo veo como una reparación porque no los considero objetos estropeados, para mí es más un intento de dar un nuevo valor a cosas obsoletas y devaluadas. Se trata, al fin y al cabo, de darle un contenido extra más allá de lo decorativo. Me gusta dotar a esos cuadros inertes en los que no sucede nada de un poco de acción, introducir en ellos un concepto, una narración que cambia radicalmente el sentido primigenio. En esta ocasión he procurado respetar más la obra y mimetizarme lo máximo posible con ella, crear una ilusión entre lo real y lo ficticio.

¿Crees que hay una maduración en tu obra, tanto en la temática como en el tratamiento y los recursos que utilizas? ¿Te has puesto serio?

Ha habido maduración desde que cogí el primer pincel, es un trabajo continuo, no creo que haya habido de repente una mayoría de edad en mi obra, pero sí un cambio lógico, necesario y positivo. Cada vez soy más reflexivo y crítico, pero no he dejado de reírme. Por ejemplo en la anterior individual que hice el año pasado, Bancocracia, sobre la polémica reforma exprés del artículo 135 [de la Constitución], diría que fue aún más formal, más cruda, más concreta.

 

JULIO-FALAGAN

JULIO-FALAGAN

 

Hace unos meses que has vuelto de tu residencia en la Academia de España en Roma. ¿Qué tal ha sido la experiencia? ¿Qué proyecto has realizado durante tu estancia allí?

Acabé en julio del año pasado y la experiencia fue bárbara, totalmente aconsejable. Fui para realizar un proyecto sobre la relación entre la cultura popular española y la italiana y acabé haciendo además múltiples trabajos paralelos. He producido mucho y algunas cosas todavía están en proceso, pero lo más importante son las experiencias y lo que allí he aprendido e irá saliendo poco a poco, la convivencia con los demás compañeros literatos, de cine, cómic, fotografía… He aprendido mucho de ellos. Me quedo más con lo que he aprendido que con lo que he hecho. Además tuve la suerte de estar en el mejor estudio de la residencia [risas] desde el que realice un proyecto muy especial para mí. ¿Lo puedo contar?

Claro, ¡cuenta!

El proyecto se llama Croce Capovolta, y era una cruz luminosa roja invertida de 4,5 metros de altura que colgaba en la ventana de la torre de la Academia que da a Roma y al Vaticano. La gente cuando ve eso ve el símbolo del Anticristo, pero lo que muchos no saben es que la Academia está construida sobre la colina de Gianicolo que es el lugar donde crucificaron a San Pedro, y que le crucificaron con la cabeza boca abajo porque no se sentía digno de morir en la misma posición que Jesús. Este es el símbolo de San Pedro y también el de la Iglesia católica, ya que San Pedro fue el primer Papa y el Vaticano se construyó sobre su tumba. En el Vaticano, en la primera basílica que está ahora subterránea con las tumbas de los demás papas, en el altar donde se supone que está enterrado San Pedro, se puede ver un mosaico de mármol con la cruz invertida de color rojizo sobre un fondo oscuro. Cuando lo vi por primera vez me chocó mucho que se hubiera elegido el símbolo del origen de la Iglesia para designar también a su némesis. Por lo que aproveché mi situación en San Pietro in Montorio para colocar justificadamente ese símbolo de doble sentido como un faro en Roma. Como era de esperar hubo críticas y quejas que provenían de cristianos heridos por tal ofensa, sin darse cuenta de su error al no conocer la historia de aquello que veneran. Mandaron retirar la cruz, pero la dirección y toda la Academia apoyó su legitimidad y la exhibimos hasta que terminó la residencia, incluso acabó siendo la imagen del cartel de la exposición de proyectos del fin de la Beca.

Tanto desde Roma como desde aquí, ¿cómo ves la marca España, o marca Spanien como tú dices? Participaste en la exposición colectiva Marca España que se celebró el año pasado en Berlín. ¿Qué te pareció esta iniciativa?

La obra Marca Spanien surge de la exposición Bancocracia que coincide en el tiempo con las primeras noticias que salieron en prensa de aquello que llaman “marca España”. A mí el nombre de “marca España” me parece algo un tanto ridículo, un tanto engañoso que tiene cierto regusto a publicidad, a mentira. A raíz de esto, y de que en la exposición Bancocracia compartía espacio con el artista alemán Wolf Geyr, construí una bandera con los colores de la bandera española y el águila imperial alemana, una metáfora de la colonización económica a través de la deuda. La idea era que Europa, con Alemania a la cabeza, estaba controlando nuestra economía, resultando gracioso cómo Wolf Geyr, al mismo tiempo, en su trabajo echaba la culpa de todo a EEUU, en definitiva, todos echábamos balones fuera, nadie se hacía responsable de lo suyo. Después presenté esta imagen a la exposición Marca España que José Jurado comisarió en Berlín y en la que participamos más de 90 artistas españoles, dando nuestra particular visión de la situación española. Fue un proyecto muy bueno, y tuvo mucha repercusión en los medios de aquí, quizá porque venía de fuera, si se hubiera realizado en España hubiera sido diferente. A través de esta exposición, Pedro de Lerma, director de la editora de objetos artísticos La Gran, tomó contacto conmigo para hacer algo con esta imagen y de ahí surgió Marca Spanien, una línea de souvenires españoles con esta nueva imagen más real que la verdadera, haciendo platos de recuerdo de España, huchas, bolsos, mandiles y hasta una cerveza artesanal.

Alguna vez has confesado que “la supervivencia puede llegar a ser el detonante de actos creativos”. Supongo que entonces estamos en un momento perfecto para crear. A este respecto hace años realizaste el proyecto Street Fighters

Street Fighters fue un proyecto que hice para Injuve y donde se nos propuso hacer una exposición colectiva en el que el tema era la creatividad popular. Lo que hice fue producir una pieza artística con gasto cero, utilizando los métodos de la gente que vive en la calle para llevarlo a cabo. Construí una habitación con cajas de cartón recogidas de la calle, y la fui decorando durante dos meses con obras realizadas con basura. Durante las búsquedas nocturnas de material realicé fotografías de los sin techo que me iba encontrando, alguna entrevista. Los visitantes también podían donar objetos para luego usarlos en la construcción de piezas. Sobre todo esto, y a parte de su componente social, había una crítica de fondo, pues en esa exposición se contemplaba un dinero para la producción pero no honorarios para el artista. Entonces lo que hice fue realizar una pieza de coste 0 para revertir el dinero de producción como honorarios y remarcar la dificultad de profesionalización del artista.

¿Sigues trabajando en los Cuadros Populares? Supongo que la creatividad de la gente y las ganas de ponerte difíciles las cosas es todo un reto, pero al mismo tiempo con este proyecto se pone en jaque cuestiones tan frágiles como la autoría de la obra y los derechos de autor

Ese proyecto ahonda en todo lo que has comentado. La obra final es mía, tengo los derechos de la obra porque la obra la he realizado yo pero toda la gente que ha participado con sus ideas también son coautores, como también lo es el autor primigenio del cuadro. Por lo tanto, la obra no me pertenece a mí solo, una vez que he terminado la pieza, envío a todos los participantes una imagen en alta resolución de la obra junto con un certificado personal en el que se le nombra coautor de la misma y que le da derecho al libre uso de ella, siempre que no haya afán lucrativo. Yo tampoco vendo estas obras, pues no considero que sean mías, son de todos. Lo que me gustaría hacer con estos cuadros en un futuro no muy lejano es organizar una exposición donde se puedan mostrar todas e invitar en calidad de artistas a toda la gente que ha participado en el proyecto. También me gustaría hacer un catálogo donde aparezcan todos los participantes y se pueda ver la evolución del mismo cuadro con las aportaciones de cada uno.

Tanto en esta obra como en muchas otras como Vuelva usted mañana pides la participación del público. ¿Qué peso tiene el público en tu obra? ¿El arte tiene que ir un paso más allá de la mera contemplación de la obra en sí?

Mi obra es todo lo contrario a la contemplación. Hasta en el caso de No estoy preparado para arder eternamente en la que no hay una interacción directa con la obra, pero que necesita del propio espectador una involucración especial para cerrar el sentido de la obra. Lo que intento es que el espectador no sea pasivo, que en cierta manera forme parte de la obra. Hay otros proyectos en los que la interacción es más evidente, como en Bancocracia, donde para ver la exposición tenías que registrarte y dar tus datos personales a un guardia de seguridad que estaba franqueando el acceso. En aquella ocasión te convertías en parte de la pieza.

Llegados a este punto de de hacerte una confesión. He estado fascinada durante mucho tiempo por el Grupo Empresa Falagán, esos rótulos que te encontrabas en negocios cerrados con productos tan alucinantes como los maletines de doble fondo Falagán. ¿Qué reflexión se esconde detrás de este trabajo?

Este proyecto lo realicé gracias a una beca de AVAM, era bastante complejo ya que abarcaba un radio de acción de toda España y Portugal. El tema del proyecto era precisamente esto, la dificultad del artista para ejercer su profesión. La situación que me planteaba era esta: soy artista pero necesito otros trabajos para poder producir obras artísticas porque esto no da dinero. El proyecto, por tanto, trataba sobre la precariedad del artista como tal, era un intento forzado de hacer convivir en un mismo espacio arte y trabajo. Lo que hice fue crear un grupo de empresas ficticio, para ello aproveché las ruinas de otros negocios, cerrados, adueñándome de sus espacios publicitarios e introducir en ellos mi propia publicidad, haciendo alusión a la precariedad del arte. Se trataba de un ejercicio sobre el uso de la publicidad, el grafitti y el arte pero con el trasfondo de la precariedad de la profesionalización del artista. El proyecto se puede ver en su página web.

¿Cuántos llegaste a hacer?

Entre España y Portugal hay unos 35, en Roma también hice 5 más. Este es uno de los proyectos con los que más he disfrutado, primero porque recorrer España ya es todo un disfrute, y por el feedback de la gente. Que después de 3 años de haber hecho una intervención te llegue una foto al móvil con un amigo posando con un rotulo de estos no tiene precio. Lo más curioso es que en la página web, en el apartado “Contacta con nosotros”, he recibido muchos CVs de gente que quería trabajar en la empresa, o emails de medios de comunicación relacionados con el arte ofreciéndome tarifas para publicitarme en sus páginas.

¿Cuáles o quiénes son tus influencias?

Todo el mundo tiene influencias, y para mí las influencias abarcan un abanico muy amplio que va desde un artista determinado a mi vecino. Para mí las influencias son mi entorno, todo…

También eres un inventor de rarezas. ¿Tu estudio se asemeja más a una carpintería o a un estudio de pintura?

Es un estudio de un diógenes. No me considero nada en concreto, ni pintor, ni fotógrafo ni nada, soy una persona que le gusta reflexionar sobre lo que le rodea. Dependiendo de lo que quiera comunicar utilizo un medio u otro, siempre intento utilizar el más adecuado y si no controlo, busco ayuda, aunque normalmente intento hacerlo todo yo. Lo que me interesa por encima de todo es poder expresarme bien.

Ya no te queda mucho para cumplir los 35 años, esa edad temida para muchos artistas. ¿En qué momento profesional te encuentras? ¿Satisfecho con el recorrido trazado hasta ahora?

Es un momento crítico por la situación de cómo se sostiene esto. Es lamentable pero dependemos mucho de las becas. A diferencia de otros países que fomentan el mecenazgo, aquí solo hay becas y la mayoría de ellas se acaban cuando llegas a los 35 años. Si no has cumplido con unos objetivos de mercado a esa edad, que por otro lado es casi imposible porque apenas existe mercado, está la cosa difícil. Yo estoy satisfecho porque hago lo que quiero hacer, aunque a veces no como me gustaría hacerlo. En ese aspecto me siento pleno, pero para conseguirlo tienes que hacer muchas otras cosas, activar el modo multitarea y convertirte en pluriempleado. Me gustaría poder dedicarme completamente a investigar, pero por ahora esto es lo que hay. Seguiremos luchando.

JULIO-FALAGAN

JULIO-FALAGAN

Fotografía: María Platero

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